LA SANIDAD PENITENCIARIA EN IMÁGENES

 

El origen de la población penitenciaria española, de la misma manera que la propia sociedad, está cambiando con el fenómeno de la inmigración, procedente en nuestro país principalmente de África, América del sur y Europa del este.

En el Centro Penitenciario de Alicante la población de origen español en el año 2000 suponía un 66,6%, y la población extranjera era el 33,3% restante. Entre esta población extranjera, la de población de origen rumano sólo suponía en ese mismo año un 3% (6 internos) de la población extranjera (0,7% del total de los internos). En el año 2004 esto ha cambiado notablemente, pasando la población extranjera a ser un 54,4% (453 de 864 internos) y la de origen rumano ha aumentado notablemente situándose en un 13,2% (50∞y 10≠) de la población extranjera y un 6,9% de la población general.

Este cambio de la población también ha supuesto un cambio en la prevalencia de enfermedades (menor prevalencia de enfermedades como la infección por el VIH o el VHC, y una similar o mayor prevalencia de infección tuberculosa) y un cambio en conductas y prácticas de riesgo (disminución de UDVP y aparición de otras nuevas prácticas).

Una de estas nuevas prácticas de riesgo es la implantación de piercing, pero no piercing con objetivos estéticos como es cada vez más frecuente entre la población española, sino una nueva forma de piercing con objetivos sexuales, no estéticos, sino implantados con finalidad teórica de aumentar el placer sexual a la pareja.

La población rumana internada en la prisión de Fontcalent, Alicante, ingresa en la misma debido, habitualmente, a delitos relacionados con la prostitución y presenta con cierta frecuencia este tipo de prácticas de riesgo que se realizan principalmente de tres maneras:

1. Implantación de bolitas del tamaño de un garbanzo o menor, y realizadas mediante el pulido de materiales plásticos que obtienen del mango de los cepillos dentales, subcutáneamente en el pene, y por debajo del glande conformando una corona o en forma de cruz (imagen 1, 2 y 3).

2. Implantación de bandas de plástico en los laterales del pene y del mismo material, bandas que miden de 5 a 8 centímetros, y que en algunas ocasiones pueden ser de metal.

3. Implantación de silicona (silicona similar a la usada en cirugía estética) pero realizada ésta por personal no facultativo y sin las correctas medidas de higiene, lo que a veces provocan resultados tan catastróficos como el que se refleja en las imágenes 4 y 5 en las que se observa un implante infectado.

Esta práctica de riesgo conocida desde hace tiempo en la India, está comenzando a ser adoptada por internos procedentes de otros países o culturas, como pueden ser los españoles de origen gitano y a ser realizada en el ámbito penitenciario sin medidas de desinfección alguna, con lo que puede conllevar el riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas en el medio penitenciario.

 

CORRESPONDENCIA
Dr. Pablo Saiz de la Hoya
Dr. Miguel Bedia
C. P. Alicante I (Fontcalent)

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